Sin duda en el curso de la pandemia Covid-19, los efectos son inversamente proporcionales. La salida del aislamiento por el coronavirus será la decisión política más trascendente que deberá tomar el gobierno en el correr del mes de junio. Este conjunto de decisiones no solo involucrarán el momento de la flexibilización de las restricciones impuestas, sino también la modalidad que tomará esta vuelta a la normalidad o nueva normalidad como definen muchos argumentando que hasta que tengamos una vacuna que nos inmunice, se haga masiva y se distribuya pasara mucho tiempo y que nada volverá a ser lo mismo.
Es mucho lo que está en juego. Se trata, por un lado, de preservar vidas. Salir de la cuarentena puede suponer un elevado costo en contagios, complicaciones médicas y muertes, esto multiplicado por el hecho que si al mismo tiempo no se expanden sustancialmente las herramientas con las que los países enfrentan la enfermedad la cantidad de afectador va a aumentar.
Permanecer en cuarentena, por otro lado, implica costos económicos muy importantes, que, además, recaen de manera particularmente severa en las poblaciones económicamente más vulnerables. Por ello, las decisiones de salida de la cuarentena representan un delicado equilibrio entre proteger la vida y cuidar los medios de subsistencia y las formas de generación de valor.
Estas decisiones tan fundamentales, además, se deberán tomar en un contexto de gran incertidumbre. Por el lado de la enfermedad, se sabe que es muy contagiosa y que es mucho más grave para los adultos mayores y personas con insuficiencias preexistentes. (Coronarias, diabetes, sobrepeso mórbido) Pero no se conoce exactamente cuál es el número de infectados ni la tasa de mortalidad. Se supone —pero no se sabe a ciencia cierta— que los infectados adquieren inmunidad a la enfermedad y no se ha confirmado si esta es permanente o transitoria. Si sabemos que nuestros vecinos Argentina y Brasil, están mucho más complicados que nosotros (Son una amenaza para nuestra relativo control de la epidemia) Debemos coincidir y que en términos generales se ha hecho las cosas bien apoyados en la conciencia social de la mayoría de la población por el respeto voluntario de la cuarentena.
No hay una idea precisa del grado de inmunidad comunitaria que ya se ha desarrollado en los distintos países. La escasez de pruebas diagnósticas y de pruebas serológicas confiables implica que, en los temas epidemiológicos, los Gobiernos estarán volando casi a ciegas y sin instrumentos. En cuanto a la reapertura, no se sabe en qué medida esta dará lugar a una recuperación rápida del empleo y del producto interno bruto (PIB).
Se puede discrepar en los grados de endeudamiento que deberíamos tomar como país en función de medidas de trasferencia de recursos a la población (Renta universal básica, costo de servicios públicos) y la ayuda a las empresas al momento de la recuperación (Crediticias, impositivas, fiscales, previsionales). Este aspecto si viene influenciado por los recursos disponibles, el contexto, las posibilidades como país y la visión de futuro donde las fundamentaciones ideológicas pesan en las posturas.
Tampoco se puede predecir cuál será el comportamiento de la población en la reapertura. Por ejemplo: Una cosa es la decisión de abrir los restaurantes o los cines y otra es que las personas vayan. Al no conocer el grado de inmunidad comunitaria, no se puede tener una idea clara de cuánto aumentarán los contagios cuando se relajen las restricciones.
El PBI de nuestro país estimo va a caer en torno al 7% esto implica MENOS actividad, salarios, ganancias empresariales, rentas, intereses, impuestos recaudados por el estado, mayor endeudamiento del estado, seguramente la deuda pública suba al 8% del PB.
Las unidades económicas sobre todo las informales, las mini y micro y las de determinados sectores van a sufrir la situación. Las complicadas financieramente por temas de ingresos y egresos las económicamente complicadas cuando el sector no da o el negocio quedo fuera de contexto van a terminar en terapia intensiva o en el cementerio.
Los apoyos impositivos, financieros y los estímulos de todo tipo, en un contexto de recursos muy escaso no serán muchos, deben ser efectivos y tratados de preservar las actividades que general, valor agregado y trabajo. Sin duda habrá avances y retrocesos porque cuando sea necesario se tendrá que dar pasos atrás.

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