Es un error suponer que una persona con escasos recursos, solo por el hecho de andar corto de dinero es pobre. Esa es una situación que puede ser circunstancial o permanente que depende de las vicisitudes de la vida.
La pobreza, (transformada en miseria), es un proceso que supone una espiral que se retroalimenta e involucra aspectos educativos, psicológicos, sociales, culturales y económicos.
Seguramente hay que bucear en la niñez del pobre, la alimentación el afecto recibido, la instrucción, la socialización para la vida en colectividad y el desarrollo de su cerebro (Como diría el Dr. Abel Albino en su lucha contra la desnutrición infantil) variables de entorno que lo moldearon, condicionaron y limitaron para llevarlo a su situación actual.
Los pobres a los que me refiero, – perdón por la afirmación – no son como nosotros, no tienen capacidad de reacción, de patalear y ser oídos, de adaptación a la vida moderna. Su capacidad de sobrevivir está ligada a dadivas del gobierno de turno que el sistema cobra con fidelidad, engaños y votos o los ingresos generados a partir de su fuerza de trabajo, poco más elevados que las de bestias de carga, eternos recibidores de salarios mal pagos.
Sin pienso, sin hábitos de trabajo o margen para la genialidad, sin capacidad crítica, el pobre, esta en una espiral de la que no puede escapar, salvo patear el tablero, ser jugador de futbol de elite o un marginal y seguramente salta y vuelve a su estado de pobreza.
El pobre es pobre de afecto, de sensibilidad, de cultura, de estudio, de relaciones, de amistades, de capacidad de pensar, de posibilidades y oportunidades. Su pobreza no se soluciona en forma permanente con dinero, pasando su efecto en la capacidad momentánea de consumir y los apremios y carencias momentáneos, vuelve al mismo estado.
Tiene que ver con sus hábitos de trabajo, de higiene, de afecto y solidaridad, de alimentarse, las condiciones del entorno donde se crio (Agua potable, alimentos, saneamiento, instrucción, medios de locomoción, acceso a la salud) con sus formas de sobrevivir.
Cuando se da la “getizacion” de la pobreza, el mal se torna endémico y pasa e implica que no todos somos iguales. No es lo mismo en posibilidades de desarrollo de la persona y perspectivas de vida, el nacer en Carrasco que en el Borro.
Se daba el proceso donde la escuela (Vareliana, laica y obligatoria)) y la educación secundaria técnica y básica cumplían esa función socializadora y de capacitación. Esta formación actuaba como complemento de la instrucción, afecto y socialización que se recibía en la casa y la familia.
Roto el tejido social y el entorno barrial, se potencian estas categorías de personas pobres, donde la alimentación y el afecto recibido en la niñez (Gestación hasta 3 años) condicionan su capacidad de desarrollo neuronal, su capacidad de pensar y de instruirse. Fáciles presas de la alienación, la publicidad, la propaganda, el consumismo y la ostentación por necesidad de imitar y mimetizarse con los clases medias y altas (huecas), que tuvieron las condiciones y no las aprovecharon en busca de modelos de felicidad.
No se puede construir un futuro colectivo mejor con zombis o ciudadanos pobres de espíritu. No se puede lograr un bienestar social si no se educa, se protege la niñez y logramos un apego general, producto de la instrucción y al contrato social que nos aglutina.
Conciencia, educar, educar, educar y trabajo, trabajo, trabajo. La verdadera igualdad y reparto está en la igualdad de posibilidades. No hay otro camino de salvación colectiva y un mundo mejor.